22 de setembre del 2015

Raíces

Supongo que hay momentos en la vida que uno viaja a encontrarse. No porque se haya perdido, al menos, no es mi caso. Pero sí, para volver a reconectarse con aquello de donde vienes para ir a donde vas. Revisar tus raíces para entenderte y volver a fijar tus pies en la tierra para dejar tu mente volar. Porque tus raíces, como dice la canción, no se pueden olvidar. Así que, empecé mi viaje empezando a pensar que todo es nuevo, que todo lo que descubro es nuevo. A volverme a permitir ilusionarme como la primera vez que encuentras algo y lo conoces. Paseé por esos escondites de mar entre tierra de pinos en los que tantos veranos felices pasé. Hice pasos que forman caminos.
Y volví a la tierra de mis antepasados, a esa tierra de olores de jazmín y albahaca. Esa tierra que te atrapa en sus callejones, en sus gentes, su pasión... Disfrutar del verde aceituna y el cante jondo. Los andares, los bailes y las voces con sentimiento. Recordar las historias de la abuela sobre los jornaleros del campo, ellos, y de las fiestas de su pueblo. Y como su tío joven y la gente del pueblo venían a casa para oirlos tocar y bailar. Vida sencilla.
Entender el porqué de tu pasión en todo, de ser una mujer luchadora y que no se rinde, de tu bondad y querer hacer el bien sin mirar a quién, de ser sencilla y amar lo natural.
Todo es vanidad en este mundo y pocos saben vivir sencillamente. Yo no quiero vivir una vida en la que no pueda pararme para ver el Sol y los luceros, en la noche. Quiero una vida llena de pequeños detalles que te hacen feliz, más que grandes acontecimientos que sólo vivas cuatro veces contadas en tu vida. Quiero vivir siempre agradecida por el Sol, el aire, la lluvia, el frío, el calor, el mar, las montañas... y nunca olvidarme de ello, porque ello es lo que me hace sentir conectada con mi Creador, en quien reposa mi identidad.
Gemma Ruiz.
Eclesiastés 1.